Ver Educación: filtros y vínculos rotos Online

Alberto Sebastián Barragán
(Jefe de redacción de "Voces Normalistas")
La Jornada
Abril 8, 2017

La educación en México ha establecido la obtención de una carrera como principal punto terminal de la formación y se ha segmentado el camino para obtenerla. La educación previa ha tenido su propia lógica, y se entreteje la continuidad de los niveles educativos hasta llegar a la educación superior.

La educación básica y media superior son obligatorias tanto para padres como para alumnos. Y la superior está delegada a las universidades, los institutos y a instancias particulares. La participación en los procesos de admisión es voluntaria, pero con baja probabilidad de aceptación. Si no se pretende (o no se puede) cursar la educación superior, se ingresa al mercado laboral, con una credencial mínima: el bachillerato.

En el tránsito de la educación básica a la educación superior se van perdiendo espacios, y se va agudizando el problema. El primer reto es garantizar la cobertura. Según datos del Panorama educativo de México 2015 no se ha cubierto a la población en edad escolar. Para valorar las condiciones de la cobertura, existe un indicador que estima el porcentaje de alumnos inscritos según la edad del nivel escolar. Los niños de tres a cinco años (edad de prescolar) están matriculados en 81 por ciento. A pesar de que lleva más de 10 años de ser obligatorio.

Para el caso del nivel primaria, de seis a 11 años, prácticamente está inscrito el ciento por ciento de los niños. De 12 a 14 años, correspondientes al nivel de educación secundaria, hay una matriculación de 96.2 por ciento de adolescentes. Para el bachillerato, los matriculados representan 65 por ciento de los estudiantes en edades de 15 a 17 años.

En una escala de cero a 10, la calificación de la cobertura del sistema educativo sería: prescolar, 8.1; primaria, 10.0; secundaria, 9.6, y bachillerato, 6.5. Aunque sabemos claramente que cantidad no es necesariamente calidad, la tendencia es a la baja, en cobertura, pero también en calidad. Tanto en resultados del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea) como en los del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Pisa, por sus siglas en inglés) tenemos números rojos.

A esta cobertura incompleta se agrega la deserción. Del total de la población inscrita en cada nivel, por distintos motivos, se presentan casos de abandono dentro del ciclo escolar (intracurricular) o en el tránsito de uno a otro grado o nivel educativo (intercurricular). En primaria hay deserción de .8 por ciento; en secundaria, de 4.1 por ciento, y en bachillerato, de 15.3 por ciento.

La situación es todavía más grave en educación superior (que ya no es obligatoria), donde la cobertura ha llegado a 36 por ciento, según cifras oficiales. De ellos, no todos terminan la carrera. Y de los que terminan, no todos se titulan. Y de los que se titulan, muy pocos entran a estudios de posgrado.

Los programas de posgrado prácticamente se dividen en dos: los que profesionalizan algunas áreas y los que se especializan en investigación y producción de conocimiento. En gran parte de los programas de posgrado el costo tiene que ser cubierto por el alumno, que trabaja para pagar sus estudios. Y están los posgrados de calidad, ofrecidos por instituciones registradas en el padrón del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Estos programas ofrecen becas mensuales para la manutención de los estudiantes de tiempo completo.

Este es el grupo más selecto de estudiantes de México. Mientras la escolaridad media a escala nacional es de 9.2 años de instrucción, los alumnos de posgrado están matriculados en los distintos niveles educativos durante 20 o más años. Pero la situación se puede agravar más. Con el recorte presupuestal del Conacyt es posible que reduzcan el apoyo para los integrantes de posgrados de calidad.

Los egresados pueden entrar a trabajar, en espacios directamente relacionados con su área o en algunos trabajos de menor vinculación. Y en los casos desfavorables, pueden quedarse entre el 14.5 por ciento de graduados en situación de desempleo.

La idea de que la educación impulsa el desarrollo de nuestro país se convierte en un elogio de la educación superior o en un buen deseo, que no necesariamente retrata la realidad. El trayecto por los niveles educativos equivale a pasar agua de mano en mano. Todo se escurre en el camino, entre la deserción y los filtros de acceso. Hace unos años, Wietse de Vries y Yadira Navarro presentaban una investigación sobre los egresados universitarios, ¿profesionistas del futuro o futuros taxistas?

En su lectura, uno se puede dar cuenta de que el filtro es mayor y diverso, y que obedece a la caprichosa configuración de la educación superior. El modelo económico determina las nuevas reglas laborales en detrimento de derechos y prestaciones, y nos deja ver el vínculo roto entre la educación y el mercado. El sistema educativo es una escalera de niveles en los que cada vez caben menos estudiantes, y cuando éstos egresen, no tienen nada seguro.

Fuente

 

OK Alberto Sebastián Barragán, nadie puede negar el sagrado derecho a una formación académica y, más aún, de calidad. Como bien lo menciona, "sabemos claramente que cantidad no es necesariamente calidad". De hecho, calidad y cantidad representan los dos brazos opuestos de la balanza: si uno sube, el otro baja. Y como el sistema educativo está diseñado para arrojar resultados estadísticos favorables a intentar reflejar un México con mucha cobertura académica, pues… ahí están los resultados que él mismo cita: "prescolar, 8.1; primaria, 10.0; secundaria, 9.6". De algo ha servido que el "rasero" se haya bajado casi al nivel del piso (a fin de no crear "cuellos de botella, ya desde hace varios años es OFICIAL que los chicos de esos niveles NO PUEDEN REPROBAR, independientemente de si saben al menos leer, escribir, sumar y restar). Es gracias a ello que ahora "En primaria hay deserción de .8 por ciento; en secundaria, de 4.1 por ciento". Todo fue parte de una "CORRECCIÓN" aplicada por el sistema cuando en los años 70's se publicaron resultados ALARMANTES acerca del FRACASO ESCOLAR EN MÉXICO, en donde se reportaban índices de deserción que tan sólo en el primer año de primaria alcanzaba el ¡50%! Así que, mientras la finalidad sea EL FINGIMIENTO y LA ESTADÍSTICA, seguiremos con números rojos tanto en los resultados del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea) como en los del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Pisa, por sus siglas en inglés). Hace años se tenía un alto índice de analfabetismo REAL, hoy el problema me parece más grave, pues tenemos ahora un más alto índice de ANALFABETISMO FUNCIONAL.

Ya hablar del bachillerato es peor aún. Los bachilleratos son sólo focos de formación de vagos y paseantes. Las llamadas "prepas populares" y los bachilleratos "en línea" abundan. Las primeras son centros de reunión y reclutamiento de partidos políticos y grupos radicales, y los segundos son sólo negocios. La prepa abierta es una coladera, en la cual los examenes están a la venta incluso a las puertas de los centros de aplicación de los mismos.

El nivel profesional… se ha vuelto un mercadillo de ilusiones baratas para vender falsas expectativas. Como oportunamente lo señala Carlos Fernández Vega en este tema, "… las fuentes de trabajo que se están creando no requieren de personal especializado o que cuente con conocimientos avanzados, es decir, son plazas laborales que generan poco valor agregado y que, por lo mismo, son mal remuneradas". Luego entonces, ¿para qué queremos tanto egresado universitario -y ahora más, ¡con posgrado!-, si NO HAY TRABAJOS SUFICIENTES PARA ELLOS? Pues para que papi gobierno presuma números y nos venda la falsa imagen de un pueblo "muy preparado" (repito, para papi gobierno cantidad = calidad y, como la baja del "rasero" de hecho ha alcanzado ya hasta el posgrado, pues los actuales egresados de licenciatura están… ¡para llorar!; baste decir que al menos en las ingenierías, los cursos actuales de los dos primeros semestres son los mismos que antes se cursaban… ¡en el bachillerato! y que ahora el 30% de los cursos son de esos que usualmente llamamos "de relleno" -dicen los que se creen que "saben", que es para favorecer una cultura más "plural", "responsable", ecológica, cívica, etc., etc., con lo cual me recuerdan a… ¡la primaria de hace décadas!-; todo ello en detrimento de la formación profesional en el área). Y, por cierto, para hacer aún más sombría la "preparación a nivel licenciatura, algo que se ha vuelto una moda es la contratación vía "outsourcing" de profesores "satélite" (en las universidades los llaman profesores por honorarios, ya que no pertenecen a la planta de trabajadores con contrato por parte de la universidad, sino que son trabajadores independientes que se contratan sólo para dar cierto número de horas clase, con pago por honorarios). Ello le representa a las universidades dos ventajas: la primera, es que rompe con el monopolio de los sindicatos universitarios en la contratación de personal, y la segunda es que les permite explotar a placer a los contratados (pagándoles salarios muy por debajo de los que se pagan al personal de base, y evitando el pago de prestaciones). Es bajo esta perspectiva que se "prepara" a los actuales egresados de las universidades.

Y del mencionado posgrado, la pregunta es aún más necesaria: ¿para qué rayos queremos tanto egresado con posgrado? La industria existente en México, la cual en su gran mayoría son filiales de empresas trasnacionales, no los necesita (por las mismas razones del párrafo precedente). En las universidades ya bien establecidas (UNAM, UAM, UdeG, UAEMex, UANL, IPN, etc.) NO HAY PLAZAS NUEVAS para personas con esas capacidades (investigación/desarrollo) desde hace mucho tiempo (sólo se "reciclan" las existentes: se jubila alguien y entonces hay una plaza a ocupar), las "NUEVAS" universidades (tecnológicas, politécnicas, etc.) y los campuses satélite de las ya existentes sólo pueden ofrecer plazas PARA DAR CLASES A NIVEL LICENCIATURA (y evidentemente, no hay plazas para tanto egresado con posgrado). En suma, para los egresados con posgrado el futuro es esencialmente NEGRO, MUY NEGRO, si es que su idea era explotar esas supuestas capacidades que un posgrado debería aportarles. O se dedican a dar clases en licenciatura, o esperan hasta que alguien se jubile, o se contratan como simples profesionistas SIN POSGRADO (si bien les va). Aquí vale la pena mencionar que papi gobierno ha vendido, desde hace ya más de dos décadas, la falaz idea de que una educación de CALIDAD a nivel LICENCIATURA requiere de personal con posgrado, promoviendo la proliferación de posgrados "patito", muchos de ellos patrocinados por el mismísimo CONACyT. Y en universo en el cual el nivel cultural de la población es realmente bajo, los políticos promueven una imagen de altas habilidades DIDÁCTICAS asimilándo POSGRADO con DIDÁCTICA ("los mejores profesores son aquellos que poseen un posgrado" –:confused:– y hasta ofrecen premios y estímulos a quienes se deciden por tomar esta opción; y así tenemos a muchos profesores inscritos en posgrados "lite" "en línea", en su mayoría maestrías, para efectos puramente escalafonarios -y de que la universidad presuma tener muchos de sus profesores CON POSGRADO-). Regresando al aspecto laboral, lo peor del caso es que cuando por fin consigan algún trabajo, su primer salario difícilmente será tan elevado como la beca que les pagaban (estoy pensando, por supuesto, en los becados por el CONACyT) como estudiantes de posgrado (doblemente frustrante). Así que, si bien ésta descripción coincide con la de Alberto Sebastián Barragán de que "Los egresados pueden entrar a trabajar, en espacios directamente relacionados con su área o en algunos trabajos de menor vinculación", es falsa la afirmación de que "Y en los casos desfavorables, pueden quedarse entre el 14.5 por ciento de graduados en situación de desempleo" Más bien, esa sería la cifra para los graduados EMPLEADOS.

Coincido, pues con Alberto Sebastián Barragán en que, "La idea de que la educación impulsa el desarrollo de nuestro país se convierte en un elogio de la educación superior o en un buen deseo" y de que existe un "vínculo roto entre la educación y el mercado".

 

El término pornografía o porno (en su forma abreviada) hace referencia a todo aquel material que representa actos sexuales o actos eróticos con el fin de provocar la excitación sexual del receptor. Desde la década de 1970, el cine pornográfico ha estallado hasta ser el género pornográfico más típico. A veces «pornografía» se entiende como «cine pornográfico», aunque en absoluto han desaparecido la literatura y el arte eróticos.